Archivo mensual: agosto 2008

Escribir es vivir.

-No vengo aquí a hacer exhibicionismo personal
ni publicidad de la obra. Vengo esencialmente
a dos cosas. Una de ellas es la misma que me
mueve a escribir: la de descubrirme a mi mismo
para descubrir a otros y para encontrarnos todos,
para vivir más. Es lo que trataré de mostrar a lo
largo de estos días.  Y para ello utilizaré mi propia
vida porque, tal como les explicaré, no es posible
establecer barreras entre la vida y la obra de
un escritor sincero.

Imagen y palabras; José Luis Sampedro
extraídas del libro: Escribir es vivir.

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Lady Bohemia.

El momento ha pasado,
y nos volvemos a encontrar
por ocurrencia del destino,
en un mismo camino.

como hálito de mar,
que roza la piel,
como un etéreo gemido
en este anochecer.

Vuelves a inundar,
con el secreto en tu voz,
mis noches en alcohol
en un acto de desesperación.

Me incendia la carne,
al deplorar la pasión,
cuando estrechaba tu cuerpo
en noches de sudor.

Aunque fue lo mejor
que pudo ocurrir,
pero el haberte conocido,
me es imposible olvidar.

Y vuelvo a experimentar
la calidez de tu piel
y la humedad de tus muslos
con pensar en ti,

Y vuelves a inundar,
con el secreto en tu voz,
mis noches en alcohol
en un acto de desesperación.

Puede que jamás lo adviertas,
pero has sido y serás,
fuente de inspiración
para este intento de poeta.

Pero no es mi réquiem,
ni tampoco el perdón,
solo unos versos,
gracias a tu inspiración.

Y bienaventurados aquellos
que se cruzen en tu travesía
y conozcan el capricho
que embriaga tu cuerpo.

Y vuelves a inundar,
con el secreto en tu voz,
mis noches en alcohol
en un acto de desesperación.

© 2008 El Viaje a Ninguna Parte.
imagen; JackPistoletto

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Aprendiz.

Aprendiz de besos que nunca me diste.
Aprendiz de tus mil y un silencios.
Aprendiz de noches de insomnio.
Aprendiz de sueños que terminaron rotos.
Aprendiz del viento que golpeó mi cara.

Y un último abrazo que no llegó.
una última canción que no escuchemos,
una sonrisa que no me quisiste regalar.

Aprendiz del aire que respiramos juntos.
Aprendiz de miradas que no fueron para mí.
Aprendiz de un sueño fundido con la realidad.
Aprendiz de risas que no me supiste dar.
Aprendiz del tiempo, que no me quiso esperar.

Y un último abrazo que no llegó.
una última canción que no escuchemos,
una sonrisa que no me quisiste regalar.

Aprendiz de vendas que no me dejaron ver.
Aprendiz de caricias que no fueron para mí.
Aprendiz de las derrotas ajenas.
Aprendiz de tu cálida piel al amanecer.
Aprendiz de las noches que pasé a tu lado.

Y un último abrazo que no llegó.
una última canción que no escuchemos,
una sonrisa que no me quisiste regalar.

imagen: Camelto.
© 2008 El Viaje a Ninguna Parte.
escrito entre el 9, 10 y 11 de agosto.

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Jack Kerouac.

“Las únicas personas que me agradan son las que están locas: locas por vivir, locas por hablar, locas por ser salvadas.”

Jack Kerouac

Cuando le preguntaban acerca de sus opiniones respecto de la escritura, no se esforzaba en hacer diferencias entre la prosa y la poesía. Sostenía que sus ideas se aplicaban tanto a uno como otro género, la espontaneidad como método traspasaba los límites de las formas de la escritura. Le gustaba decir que cuando estaba trabajando en una novela cada párrafo era un poema dentro de un extendido texto que flotaba en el mar de la lengua inglesa.

Su interés por las lecturas orientales y por el zen contribuyó mucho a que se empezaran a difundir en Occidente (véase, por ejemplo, su dedicatoria al poeta chino Hanshan en Vagabundos del Darma).

La fama acabó con el tímido alocado de Kerouac, que tenía la costumbre de presentarse borracho a las entrevistas para intentar superar el difícil trance de explicar la mística de las novelas que había escrito muchos años atrás y nadie se había atrevido a publicar.

Murió a los 47 años debido a un derrame interno, producto de una cirrosis. En su tumba se puede leer el siguiente epitafio “Ti-Jean, ha honrado la vida“.

Le fue otorgado un doctorado póstumo por parte de la universidad de Masachusets.

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Tu sangre se quema.

Chirrían las cuerdas
de un antiguo violín,
en una sucesión de notas,
cada cual enfrentándose
a la siguiente como si
de un duelo de sables
se tratase.
Embestida tras embestida,
como si crujiente
acero fuera.
La tericia en la piel
se hace insoportable
estocada tras estocada.
Una lenta y
melancólica melodía
hace arder tu sangre,
quemándola nota a nota.
Los pulmones se inundan
del olor que
tu carne desprende.
Tu mente rompe
otra frontera
de la realidad y
vuelve a indagar
la infinita soledad.
Imágenes que vuelan,
no sabes sin son realidad
o se trata solo de
“tu realidad”.
Pues no solo es
tu carne y tu sangre
las que arden al compás
de devastadoras notas
de un violín,
Tu mente también
está enferma,
como enfermos
tus pensamientos.
No hay vuelta atrás,
solo queda dejarse llevar,
¡deja arder tu carne,
tu sangre y tu mente!.

imagen; mihai

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