Archivo mensual: marzo 2009

Vida e Morte.

 

Me esconderé entre las sombras,
te observaré desde el más
oscuro rincón.
Me quedaré quieto,
respiraré lentamente,
vigilaré tus movimientos.
No sabrás que estoy aquí,
continuarás con tu día a día
sin sentir mi presencia,
tu vida será ajena a la mía,
así lo has querido,
así lo has decidido,
pero continuaré
atento a tus pasos,
cauteloso de tus gestos,
precavido de tus expresiones,
con el oído fino a tu voz,
esperando una palabra,
un sonido de tu garganta,
un grito, un gemido,
que me haga sentir
que aún me recuerdas
en lo más profundo de tu ser.
Será el momento
en que decida salir,
de este oscuro rincón
desde el cual te observo
muy atentamente.
Será el momento, sí,
y apareceré de pronto en tu vida,
como un reflejo en un espejo,
no te darás cuenta que he vuelto,
y continuarás con tu día a día,
mientras yo, en esta nueva claridad
me consumiré poco a poco,
emanaré sonidos
buscando tu apoyo,
pero tu vida, tu nueva vida
te tapona los sentidos,
y mis súplicas pasarán inadvertidas.
El olor de mi cadáver putrefacto,
será el que te diga
que un día volví para buscarte,
pero será demasiado tarde,
y en mi rostro verás la expresión,
aquella que un día viste,
cuando te declaré
que mi vida sin ti
no tenía sentido. 

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; Objectives VS Happiness

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Desgarradora realidad.

Y tu vida se estrecha,
has decidido que así sea,
y ahora no hay vuelta atrás,
haces una lista
con todas las personas
con las que has compartido
algún sentimiento
pero piensas, y recuerdas,
y la lista queda en blanco,
y así es tu vida,
de la que hasta este momento
no habías sido consciente,
consciente de la cruda realidad.
Ahora sientes
como tu pecho es desgarrado
por una mano de afiladas uñas,
unas uñas que recorren tu piel,
y penetran en las entrañas,
abren tus costillas
y comienzan a vaciar,
lo poco que queda
dentro de ti,
quedándote completamente
vacío.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Fotografía; Rodolfo Rivas 

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Tira los dados.

“Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
De otro modo, no empieces siquiera.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Tal vez suponga perder novias, esposas, 
parientes, empleos y quizá la cabeza.

Ve hasta el final.
Tal vez suponga no comer durante 3 o
4 días.
Tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
Tal vez supongo la cárcel,
Tal vez suponga mofas, desdén,
aislamiento.

El aislamiento es la ventaja, 
todo lo demás es un modo de poner a prueba tu
resistencia, tus auténticas ganas de 
hacerlo.

Y lo harás a pesar del rechazo y las 
ínfimas probabilidades
y será mejor que cualquier otra cosa
que puedas imaginar.

Si vas a intentarlo ve hasta el final.
No hay sensación parecida.

Estarás a solas con los
dioses y las noches arderán en
llamas.

Hazlo, hazlo, hazlo. 

Hazlo.

Hasta el final.
Hasta el final.

Llevarás las riendas de la vida hasta
la risa perfecta, es la única lucha digna 
que hay.”

Charles Bukowski (1920-1994)

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Introducción al caos (Parte I)

Sí. Es cierto. Lo hice y lo volvería a hacer. Pero ¿sabéis?, había arte en lo que hice, más aún como lo hice. Llegó un punto en que la situación era insoportable, tenía que hacer algo para cambiarlo, y así obré.

Todas las noches, sin excepción, a las cuatro de la mañana se levantaba el anciano que vivía en el piso de arriba. Mientras, yo dormía en mi habitación, pero ¿sabéis?, tengo muy buen oído, sí, muy buen oído. Bien,  como estaba diciendo, yo dormía, pero escuchaba como cada noche, exactamente a las cuatro de la madrugada el anciano abría la puerta de la nevera y oía el desagradable sonido del motor. Luego, lo escuchaba vaciar su orina, y ese sonido, sí, ese sonido penetraba en mi cabeza, ese sonido recorría cada fibra de mi piel.

Constantemente, sin falta, día a día.

Una noche, cansado de despertar ante aquella situación, conté los segundos que tardaba el viejo en vaciarse y volver a acostarse, uno, dos, tres, el viejo continuaba con su tarea, cuatro, cinco, seis, cada segundo era eterno, siete, ocho, nueve, parecía no tener fin… diez. ¡Al fin!. El viejo acabó, luego, el sonido de la cisterna, uno, dos, tres, el agua recorría las tuberías, cuatro, cinco, seis, el viejo ya estaría metido su cama, siete, ocho, nueve, no podía dormir… diez. ¡Al fin! la cisterna cesó. La paz volvió.

Sí. Ya lo he mencionado antes, tengo muy buen oído. Todos estos sonidos, que para otros pueden resultar inapreciables, para mí era algo odioso, sentía odio cada vez que lo escuchaba. Tenía que hacer algo, sí, tenía que hacerlo. Decidí acabar con la vida del anciano, el viejo no me caía mal especialmente, le trabata con simpatía, cada mañana nos cruzábamos saliendo del portal para ir a trabajar, nos dábamos los buenos días y le trataba con respeto, pero por las noches, ¡ay, por las noches!, por las noches todo era diferente, tenía que acabar con él, tenía que poner fin a su vida para poder así dormir tranquilo.

Una noche, me quedé despierto, esperando el desagradable momento, el viejo fue puntual a su cita, como de costumbre, a las cuatro de la madrugada allí estaba, primero la puerta de la nevera y su estruendóso motor,  luego su orina golpeando en el agua del retrete, diez segundos de orina, exactos, diez segundos de cisterna, exactos.

La siguiente noche, calculé mejor, deduje que si el viejo abría la nevera a las cuatro en punto, apenas unos segundos antes debía estar saliendo de la cama, conté los segundos desde que el viejo cerraba la puerta de la nevera hasta que entraba al cuarto de baño y escuchaba su orina. La nevera se cerró, uno, dos, tres, el viejo se dirigía al cuarto de baño, cuatro, cinco, seis, supuse que ahora estaría girando el pomo, siete, ocho, nueve, imaginé como se disponía a realizar la tarea, diez. ¡Allí estaba! ese sonido, sí, ese sonido otra vez. El viejo era exacto como un reloj, sí.

continuará…

Pd- A la memoria de Edgar Allan Poe, el maestro del género.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Fotografía de; Caminante.
Modelo; Ángel Hervás. 

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Esa mirada.

Como la de un animal salvaje,
sale de caza cada noche,
te huele y te persigue. 

Cuando te tiene delante,
es tarde para salir corriendo,
su hechizo te atrapa, caes en la trampa. 

Se abre paso,
a través de tu garganta,
se deja caer, muy suavemente,
y al final, hace daño. 

Esa mirada,
todos quieren domesticarla.
Esa mirada,
te ahogas en sus profundidades. 

Penetra dentro de ti,
te araña, te muerde y golpea.
Te devora por dentro. 

Se abre paso,
entre tus costillas,
y se deja caer, muy suavemente,
y al final, hace daño. 

Esa mirada, esa mirada. 

Como la de un animal salvaje,
sale de caza cada noche,
te huele y te persigue, 

Esa mirada,
todos quieren domesticarla.
Esa mirada,
te ahogas en sus profundidades. 

En su trampa has caído,
ahora te tiene delante,
observándote fijamente,
sientes su hechizo,
y es tarde para salir corriendo. 

En su trampa has caído.
Termínalo,
acaba ya con este sufrir.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; rbrtfug

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