Introducción al caos (Parte I)

Sí. Es cierto. Lo hice y lo volvería a hacer. Pero ¿sabéis?, había arte en lo que hice, más aún como lo hice. Llegó un punto en que la situación era insoportable, tenía que hacer algo para cambiarlo, y así obré.

Todas las noches, sin excepción, a las cuatro de la mañana se levantaba el anciano que vivía en el piso de arriba. Mientras, yo dormía en mi habitación, pero ¿sabéis?, tengo muy buen oído, sí, muy buen oído. Bien,  como estaba diciendo, yo dormía, pero escuchaba como cada noche, exactamente a las cuatro de la madrugada el anciano abría la puerta de la nevera y oía el desagradable sonido del motor. Luego, lo escuchaba vaciar su orina, y ese sonido, sí, ese sonido penetraba en mi cabeza, ese sonido recorría cada fibra de mi piel.

Constantemente, sin falta, día a día.

Una noche, cansado de despertar ante aquella situación, conté los segundos que tardaba el viejo en vaciarse y volver a acostarse, uno, dos, tres, el viejo continuaba con su tarea, cuatro, cinco, seis, cada segundo era eterno, siete, ocho, nueve, parecía no tener fin… diez. ¡Al fin!. El viejo acabó, luego, el sonido de la cisterna, uno, dos, tres, el agua recorría las tuberías, cuatro, cinco, seis, el viejo ya estaría metido su cama, siete, ocho, nueve, no podía dormir… diez. ¡Al fin! la cisterna cesó. La paz volvió.

Sí. Ya lo he mencionado antes, tengo muy buen oído. Todos estos sonidos, que para otros pueden resultar inapreciables, para mí era algo odioso, sentía odio cada vez que lo escuchaba. Tenía que hacer algo, sí, tenía que hacerlo. Decidí acabar con la vida del anciano, el viejo no me caía mal especialmente, le trabata con simpatía, cada mañana nos cruzábamos saliendo del portal para ir a trabajar, nos dábamos los buenos días y le trataba con respeto, pero por las noches, ¡ay, por las noches!, por las noches todo era diferente, tenía que acabar con él, tenía que poner fin a su vida para poder así dormir tranquilo.

Una noche, me quedé despierto, esperando el desagradable momento, el viejo fue puntual a su cita, como de costumbre, a las cuatro de la madrugada allí estaba, primero la puerta de la nevera y su estruendóso motor,  luego su orina golpeando en el agua del retrete, diez segundos de orina, exactos, diez segundos de cisterna, exactos.

La siguiente noche, calculé mejor, deduje que si el viejo abría la nevera a las cuatro en punto, apenas unos segundos antes debía estar saliendo de la cama, conté los segundos desde que el viejo cerraba la puerta de la nevera hasta que entraba al cuarto de baño y escuchaba su orina. La nevera se cerró, uno, dos, tres, el viejo se dirigía al cuarto de baño, cuatro, cinco, seis, supuse que ahora estaría girando el pomo, siete, ocho, nueve, imaginé como se disponía a realizar la tarea, diez. ¡Allí estaba! ese sonido, sí, ese sonido otra vez. El viejo era exacto como un reloj, sí.

continuará…

Pd- A la memoria de Edgar Allan Poe, el maestro del género.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Fotografía de; Caminante.
Modelo; Ángel Hervás. 

5 comentarios

Archivado bajo A Ninguna Parte

5 Respuestas a “Introducción al caos (Parte I)

  1. martuki10

    esto no se hace!!!
    no se nos puede dejar a todos con esta intriga!
    es malo para la salud!! xD

  2. Creí que todo completo resultaría demasiado largo, pronto habrá fin para esta “vejiga delatora”.

  3. Salvador Pliego

    Tremenda genialidad. Merece ser aplaudida. Te felicito.

  4. un placer volver a leerte Caminante
    espero esa segunda parte!

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