Archivo mensual: junio 2009

Visitas a media noche.

Cuando todos duermen,
ella viene a visitarme.

Entra por la ventana
y me despierta
entre susurros.

Cuando todos duermen,
ella viene a visitarme.

Me dice que éste es el momento,
muchas veces no la creí
y se fue por donde vino.

Cuando todos duermen,
ella vuelve a visitarme.

Me dice que no lo deje pasar,
pero no suelo hacerle caso,
y los días pasan uno tras otro.

Cuando todos duermen,
ella vuelve a visitarme.

Esta vez le hago caso,
y me levanto soñoliento,
enciendo la luz y me pongo a escribir.

Al día siguiente se lo agradezco, pero
¿por qué viene a buscarme
cuando todos duermen?

Cuando todos duerman,
ella volverá a visitarme.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; iganphoto

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Y la vida siguió, como si nada.

La conocí una mañana de invierno. Apareció de la nada y se sentó a mi lado. La invité a una trago. Luego a otro. Sabía beber, ya lo creo. Tenía estilo. Cada vaso que tomaba lo dejaba impregnado del carmín de sus labios, en cambio, yo no tenía forma de distingir mi vaso de algún modo, yo solo era uno más como el resto de mortales. Nunca fue la mujer mas atractiva, pero tenía algo que atraía todas las miradas. Nunca supe qué.

Al cabo de poco tiempo, se mudó a mi casa. Estaba cansada de vivir en pensiones baratas y ofrecí mi hogar. Éramos felices, estábamos contentos con lo que teníamos. Yo sobrevivía a la jornada laboral pensando en el momento de volver a casa y verla allí, esperándome. La mantenía, vivíamos con lo que yo ganaba, me gustaba eso. Ella, mientras, se encangargaba de las tareas del hogar. No sé como, consiguió vencer a la torre de cacharros que apilaba en el sucio y mugriento fregadero, las paredes parecían recien pintadas y el mármol del suelo ya no se pegaba en las suelas. Olía a límpio. Además tenía buena mano cocinando, creo que llegué a engordar.

Yo no era de mucho hablar, y mientras cenábamos me contaba lo que había hecho a lo largo del día en el barrio, me hablaba de la gente del vecindario y me dijo que tenía unos vecinos muy simpáticos y agradables. Yo nunca me molesté en saber siquiera sus nombres. Los fines de semana la sacaba del barrio y la llevaba a comer a lugares caros, lejos de tugurios y bares de mala muerte. Teníamos una vida sencilla. Pero era nuestra. Solo nuestra.

Era muy buena en la cama, cada noche hacíamos el amor, nunca tuvo reparo en acostarse en alguien como yo, llegué a tomarle cariño y creo que ella a mi también. Una noche, después del trabajo ella no estaba en casa, decidí esperarla. Cuando llegó, bien entrada la madrugada, me encontró con media docena de latas de cerveza a mi alrededor, y yo borracho. La miré, iba tan arreglada como siempre con sus tacones, su falda larga y su camisa tres tallas menos. Olía a perfume. Le clavé la mirada, pero no le pregunté de dónde venía, ella me observaba un tanto asustada y tampoco dijo nada. Pasaron los días y di aquel tema como olvidado. Creo que ella también.
Pasaron los días, y de nuevo, una noche cualquiera al volver del trabajo ella no estaba. Volvió al amanecer. Pasaban los días y ella ya no hablaba tanto, ya no me contaba sus anécdotas del día, yo seguía sin hablar demasiado.

Otra noche como tantas, tampoco la encontré en casa como ya era costumbre, volvió apestando a ese perfume que ahora tan desagradable comenzaba a parecerme. Yo estaba borracho, pasé la noche esperándola. La llevé a la habitación y me la follé como nunca lo había hecho. Me la follé sin piedad y sin dejarla respirar. Al día siguiente no fuí a trabajar y pasé el día con ella, echándole un polvo tras otro. Después de aquello, parecío que todo volvía a la normalidad. Ella volvía a dirigirme la palabra y contarme sus historias del día. Aunque yo seguía sin hablar demasiado. Nunca fuí hombre de muchas palabras. Nuestras vidas volvían a ser la vida sencilla que un día tuvimos.

Pero otra noche, ella no estaba cuando volví de trabajar, encontré en la cocina una pila de vasos manchados de carmín, y otra pila de vasos, pero estos sin marca alguna, supe que míos no eran. De repente escuché voces en el dormitorio. Agudicé el oído y acerqué mis pasos. Eran carcajadas, luego gemidos, sobre todo gemidos de mujer. Volví a la cocina y esperé. Abrí una lata de cerveza, luego otra mientras seguía esperando, luego abrí otra lata y otra mas, luego otra, luego perdí la cuenta, más tarde perdí la consciencia.
Desperté al día siguiente, la pila de vasos con carmín seguían en el fregadero junto a los otros vasos. Yo me encontraba mareado. Vomité en el retrete y me tomé otra cerveza. Entré a la habitación, ahora vacía, sus cosas ya no estaban. No me dejó ni una nota, no me dejó nada, no se despidió de mi. Sonó el teléfono:

-¿Señor Aniorte?
-Sí.- Conseguí articular -.
-¿Está ustéd interesado en adquirir nuestras últimas promociones y despcuentos de.- Colgué.

Solo quedaba el silencio. Silencio de una casa ahora vacía, silencio entre sábanas tantas veces revueltas. Silencio en mi interior, silencio roto por un corazón podrido de tanto latir.

Y la vida siguió, como si nada.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Fotografía: D__

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Tinta corrida.

En tu sucia libreta.
Guardas poemas,
sin fecha ni nombre.

En tu sucia libreta.
con tu letra desaliñada,
escondes poemas dedicados,
a personas sin nombre
que ya no recuerdas.

En tu sucia libreta.
Con tu triste caligrafía
y tus bolígrafos medio gastados.

Escribes palabras
que nadie conoce,
arrancas páginas,
con historias que nadie leyó,
entre tachones y tinta corrida.

Tu sucia libreta.
Tu compañera de viaje,
a la que siempre tienes
un momento que dedicar,
a la que siempre tienes
una última palabra que decir.

Tu sucia libreta,
con la única que te sabes expresar,
tu sucia libreta,
la única que te sabe escuchar.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; La libreta de Caminante. 

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Terciopelo.

Arranca el manto que cubre mi piel.
Puedes hacerlo.
Quizás encuentres cosas
que prefieras no saber.

Arranca el manto que cubre mi piel.
Tira de él.
¿Qué es lo que ves?.
No es mas que aquello
que en lo que me han echo creer.

Arranca el manto que cubre mi piel.
Tienes ante ti, a mi verdadero ser.
No tengas miedo.
Ya has tirado de él.

Arranca el manto que cubre mi piel.
No apartes la vista,
esto es lo que querías ver.

Ahora has descubierto,
todo lo que guado dentro.
Ante ti, soy transparente.
Ahora puedes hacerme daño.

Devuélveme el manto,
para cubrir mi piel.
Ni se te ocurra,
usarlo contra mi.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; Force Feu


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