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La pequeña Odesa

La pintoresca Rusia americana, donde sus calles y barrios se adaptan al alma de sus habitantes, Brighton Beach, o  la Pequeña Odessa como la llaman ahora, ya que buena parte de sus habitantes, muchos de ellos judíos ucranianos, las aguas grises del Atlántico les recuerdan a la costa de su Mar Negro. Ubicada en Brooklyn, uno de los cinco condados de la ciudad de Nueva York, no es un gancho atrapa turistas como Little Italy, si no como brillantemente la describió el periodista Michael Idov “como una maqueta del paraíso capitalista a tan solo 40 minutos de la realidad, una fantasía nostálgica del país dejado atrás”. 
 
La Pequeña Odesa es misteriosa, cuesta descifrarla y todo está hecho para mantener a raya al forastero y al curioso, podrías recorrer todos los días de tu vida las mismas calles y no llegar nunca a toda su esencia. Te sumerges en otro mundo y no resulta raro lo increíblemente fácil que resulta creer que realmente estás en tierras eslavas. 
 
Debes tomar la línea Brighton, en la avenida Brighton Beach en la Sexta calle Brighton en Coney Island, Brooklyn, apenas un pequeño paseo y te encuentras en otro mundo, al bajarte del tren la Pequeña Odesa te muestra su esplendor, los restaurantes llenan el paseo marítimo, algunos incluso a tres niveles, también los hay que bordean las calles, los cantantes interpretan canciones folclóricas y el salmón y el vodka nunca faltan en las mesas, la prensa escrita en ruso y los carteles en cirílico,  la Amazing Flowers, una tienda de muñecas donde se encuentran las gruesas y más bellas babushkas, la M&I International Food en la Brighton Beach Avenue,  dejándote embaucar por el olor a caviar y a los pierogi y los borscht, una antigua barbería en la Parikmakherskaya con Syoma, su barbero del Minsk. Lo corriente aquí es que nadie te entienda y los dueños de los comercios recurran a sus hijos más jóvenes para traducirte, miles de soviéticos inmigraron a Norteamérica en la década de 1960, antes que ellos los inmigrantes judíos habían llegado huyendo de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial.
 
Si quieres escapar de la misma mierda de todos los días, no hay lugar mejor. Recuerda esta palabra “Spasiba”, pues en Brighton Beach te abrirá muchas puertas.

 

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Blanca Noche.

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Salimos del piso extasiados y destrozados. La noche se ha alargado tanto que pronto amanecerá. Esperamos el ascensor para que nos baje a la calle, mientras esperamos la observo, está demacrada y tiene un poco de coca en la punta de la nariz, le paso un dedo para limpiársela y luego me lo llevo a la boca. Yo tampoco me encuentro nada bien, mi corazón bombea de forma arrítmica y siento que estoy en el límite.
Entramos al ascensor y nos observamos en el espejo, mirando nuestras caras, luego nos miramos a los ojos y sin decir nada estamos de acuerdo en que nos hemos vuelto a pasar, una noche más. Saca un tarrito en el que guarda un poco de coca, hunde un dedo en él y se mete un tiro, me ofrece poniendo su dedo delante de mi cara y a pesar de todo no me lo pienso dos veces. Apoya la cabeza en mi hombro y ahora todo me importa una mierda.
 
Salimos del ascensor dando tumbos por la calle, nos tapamos los ojos con las manos aunque el sol aún no ha salido, pero la claridad nos resulta insoportable. Ando muy deprisa, directo a la parada de taxis, ella va tras de mi tirándome de la chaqueta, prácticamente voy corriendo y no puede seguirme el ritmo, pero no paro ni un instante, no logra seguir mis pasos y termina cayendo al suelo, me acerco a levantarla cuando saca el puto tarrito de coca, le golpeo la mano que lo sostiene y el tarrito cae al suelo derramando lo poco que queda, luego le golpeo en la cara, la agarro de un brazo y la levanto, entramos a un taxi, doy una dirección mientras me limpio la sangre que cae de mi nariz con la manga de la chaqueta.

Llegamos al piso, su piso. Nos tiramos vestidos en la cama, ella se duerme al instante, yo no logro conciliar el sueño pensando que al amanecer me sentiré viejo y cansado, aparto esos pensamientos rápidamente y observo su cuerpo tirado de cualquier manera mientras los primeros rayos del sol entran por la ventana, al final caigo rendido por el sueño. Mañana sería un nuevo día… o no.

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“Song to the Siren”

Tras larga travesía por océanos desiertos,
me esforcé por sonreir,
hasta que tus ojos y tus dedos
me atrajeron hacia ti.
Y cantabas:
Navega hacia mí, navega hacia mí
déjaté envolver
estoy aquí, estoy aquí
mi abrazo te espera.

¿Soñé que soñabas conmigo?
¿Fue aquí cuando desplegué las velas?
Ahora mi barco enloquece,
martillea las rocas herido de amor,
porque tú cantas:
“No me toques, no me toques, vuelve mañana:
mi corazón no oculta la tristeza”

Desconcertado como un recién nacido,
desafío a la marea
¿debería permanecer entre las rocas?
¿o descansar junto a mi esposa la Muerte?

Escucha mi canción:
“Nada hacia mí, nada hacia mí,
déjate envolver,
estoy aquí, estoy aquí,
mi abrazo te espera.”

TIM BUCKLEY – 1968

THIS MORTAL COIL – 1984

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Nuevas facetas.

Solo quedan algunos días para cumplir un año. Un año en el que desaparecí. Un año en el que abandoné este lugar sin explicaciones. Un año apenas. Un año y vuelvo ahora, para dar a conocer lo que fue de mi en ese tiempo, para dar a conocer lo que soy ahora; Con todos ustedes: Jesse Custer. Disfrútenlo.

 

http://lapalabradejessecuster.blogspot.com/

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Hoy volveré a verte.

Hoy volveré a verte, después de tanto tiempo,
disimularé que no te he echado de menos,
disimularé que durante este tiempo he dormido como un niño
y que la cama nunca la sentí vacía.
Te invito a mi casa, aquí tengo alcohol, tu no pongas nada,
daremos por sentado que lo pasaremos bien.
Cógeme la mano, llévame hasta donde estés dispuesta,
disimularé que no me pongo nervioso.
Hoy volveré a verte, después de tanto tiempo.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; Sam a.m

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Tardes tristes.



Aquella triste tarde.

Cargado originalmente por A. Aniorte

Podría decir que la verdad no estoy nada mal sin ti,
que continúo con mi vida como si no hubiera pasado nada,
que el sol continúa saliendo cada mañana,
que la noche me arropa y me protege,
que no siento tu ausencia, que la cama no está vacía,
que no he tardado en acostumbrarme en hacer café para uno.

Pero te quedarías con la duda
de saber si todo esto es cierto,
porque me conoces.

Me conoces.
Y sabes que sigo pensando en ti como en ninguna.
Nunca supe que hacer cuando estabas conmigo,
y ahora que no lo estás, me encuentro en la misma situación.
Noches mas duras aún están por llegar.

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Aullido.

Me convierto en hombre lobo,
y te observo desde la ventana
aunque estés a miles de kilómetros.

Me convierto en hombre lobo,
y enseño los dientes
cuando los perros se acercan a ti,
ellos alimentan mi rabia,
los mismos que ignoran mi presencia.

Me convierto en hombre lobo,
y con mi olfato te vigilo,
persigo tu rastro a cada paso.

Saco las garras si alguien te hace daño,
y gruño antes de que me lo pidas.

Me convierto en hombre lobo,
y cada noche aullo al cielo
para que recuerdes que te observo.

© 2009 El Viaje a Ninguna Parte
Imagen; cubamagica

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